¿Qué es un equipo?

El día 28 de abril salí por primera vez de casa, tras 7 semanas de confinamiento (yo dejé de salir una semana antes de que se decretase el estado de alarma).

Y salí por una buena causa: he empezado a colaborar como voluntaria en World Central Kitchen, la ONG fundada por el chef José Andrés, asturiano de nacimiento, nacionalizado estadounidense y galardonado con dos estrellas Michelín. Personalmente, doy más valor a su reconocimiento como Medalla Nacional de Humanidades en Estado Unidos en 2015, por no hablar de sus nominaciones al Premio Nobel de la Paz en 2018 y 2019, por su compromiso con los afectados por los desastres naturales y su implicación en misiones humanitarias. Está considerado «un ser humano excepcional, generoso y compasivo”. Estas nominaciones me emocionan.

Hechas las presentaciones, voy a lo que he constatado de nuevo estos días. Mientras trabajo (haciendo bocadillos, preparando ensaladas, envasando, fregando…), observo. Es curioso: aquello está lleno de personas que no se conocen, que tampoco se ponen cara (puesto que vamos equipados con mascarillas y gorros- aparte de los guantes y calzas) y, sin embargo, entras en cualquiera de las salas, preguntas “¿qué puedo hacer?” y alguien te asigna una tarea, o te envía a otra sala si allí no se te necesita en ese momento. Si te falta información, la pides con toda tranquilidad, sin miedo a parecer ignorante, para poder hacer bien tu trabajo: “¿Qué cantidad de cuscús debo poner? ¿Cuántas albóndigas en cada ración? No queda cebollino, ¿sigo envasando la ensalada sin él?” Siempre hay alguien que toma la iniciativa de ir a la cocina a buscar más, aunque no esté seguro de a quién debe pedírselo. Porque sabe que alguien le ayudará.

Me encanta algo que allí sucede: tan pronto estás haciendo una cosa como llega una de las personas encargadas pidiendo voluntari@s para otra de las salas, y va cualquiera, sin siquiera preguntar qué tendrá que hacer allí. No existe la sensación de “esta es/no es mi responsabilidad”. No importa qué tarea te sea asignada porque, en cualquier caso, sabes que estás colaborando. Y si hay algo que realmente no sabes hacer (en mi caso, cocinar…), pides que te manden mejor a otro sitio donde puedas hacer una mejor contribución, y nadie te mira mal. Y en cuanto terminas esa tarea, no tienes más que preguntar “¿qué hago ahora?”, y se te asigna la siguiente. Sin egos, sin querer aparentar, sin remilgos por lo que te pueda tocar.

 

¿Qué es lo que permite que esto funcione así de bien? Porque funcionar, creo que funciona de maravilla, teniendo en cuenta que de esas cocinas salen entre 9.000 y 11.000 comidas al día, ni más ni menos… Pues son precisamente los 4 puntos que conforman un equipo:

– Lo más importante, tener un objetivo común: dar de comer a quienes ahora más lo necesitan; aunque no podamos llegar a toda persona que lo requiera, sí podemos alimentar a alrededor de 10.000 personas al día en Madrid. Increíble.

– Tener recursos técnicos y humanos: yo en concreto estoy trabajando en las cocinas del mercado de Santa Eugenia, en Madrid, unas instalaciones enormes y magníficas. Allí trabajan excelentes profesionales y un equipo inmenso de voluntarios. Las entidades colaboradoras envían comida, envases, material de protección…

– Tener un calendario de ejecución: de momento seguiremos, mientras siga esta situación del Covid-19. La meta, de momento, es diaria. No sé aún qué ocurrirá después… ¡investigaré!

– Tener un líder que aglutine los recursos hacia la consecución del objetivo compartido: en cada sala, hay una persona encargada, aunque cuando hay duda, he visto que siempre acuden al mismo. Él decide cuándo se para de producir, qué preparados están bien hechos y cuales no, qué se utiliza para las comidas de hoy y qué se guarda en las cámaras de frío para usar al día siguiente…

Es un placer trabajar allí. Y hay un mensaje adicional que creo que es clave para el éxito: todos allí contribuimos a lograr el objetivo común, sin importar cuánto aporte cada uno a la misión. El caso es remar todos en la misma dirección. Y al terminar cada tarea, todos sentimos la satisfacción del trabajo bien hecho. Podría sacar muchas más conclusiones – quizá tome nota de ellas para un próximo post.

 

Beatriz Ramiro.
Coach Personal & Ejecutiva
Docente en el equipo de Paco Yuste.