Cómo descubrí la Inteligencia Emocional

inteligencia emocional- Foto de camino de piedras
Fotografía Psiquiatra Harry Czechowicz - inteligencia emocional
Psiquiatra Harry Czechowicz

Fue en 1.993 cuando conocí a Harry Czechowicz un psiquiatra de origen venezolano y afincado en los Estados Unidos. Javier Mañero, hombre inquieto y emprendedor, con el que había tenido debates amistosos sobre las claves del éxito y del liderazgo durante mi época de estudiante en la Universidad, me llamó para presentarme a Harry; al parecer tenía un novedoso modelo de trabajo con las personas.

En aquél tiempo desempeñaba la responsabilidad de recursos humanos en una multinacional americana de ingeniería (Foster Wheeler) donde necesitaba permanentemente de mucha mano izquierda para no herir tanto ego suelto. Me mostré inmediatamente interesado.

Harry era un hombre amable en el trato e incisivo en sus preguntas, que resultaban para mí desconcertantes. Tenía la habilidad de resultar incómodo inmediatamente, a pesar de su exquisita educación. Llevaba la conversación de tal forma, que te hacía plantarte a cada paso tu responsabilidad sobre cualquiera que fuera el tema que se proponía sobre la mesa.

Seis años más tarde aprendí que su estilo, se basaba entre otras, en una de las técnicas que se utiliza hoy con éxito en Coaching (la catarsis, como aplicación de un reencuadre y confrontación simultáneamente) y que probablemente se debía a su formación Rogeriana.

Harry estaba dispuesto a enseñar en España sus técnicas y estaba, a través de Javier, localizando personas con sensibilidad e interés por estos temas y con la posibilidad de financiar el proyecto.

Conseguimos formar un grupo, aunque reducido de personas, que sufragamos los gastos de la estancia y formación. Bajo el título “Humanagement” Harry nos proporcionó durante dos semanas alternas e intensivas. Posteriormente nos tuteló a nivel más personalizado para poder implementar los conocimientos exprés adquiridos, en nuestra vida cotidiana.

Algunos de las personas del grupo se sintieron emancipadas y comenzaron a proponerse como formadores del curso recién adquirido sin contar con Harry. Esto provocó la ruptura de relaciones y su vuelta a Estados Unidos.

Aquella semilla hizo que brotará en mí un interés mayor por conocer, ampliar y desarrollar más esta nueva forma de relacionarse con el entorno, personal, social, laboral, deportivo …

A la vez que empezó a decrecer mi interés por el mundo de la empresa, las relaciones jurídicas que las regulan, las tablas salariales, los convenios colectivos, las negociaciones de convenio, los viajes de trabajo acelerados…

La recomendación de Juanjo, el doctor de Foster Wheeler, tras sufrir una segunda angina de pecho en tres años, fue definitiva. Me hizo replantearme prioridades. Había que cambiar.

Javier por aquel entonces me volvió a llamar. Ya estaba funcionando con lo que llamaba “Curso de Desarrollo Personal”, una variante del curso que Harry compartió con nosotros y necesitaba apoyo para desarrollarlo.

Por aquel entonces entidades americanas organizaban cursos de desarrollo personal impactantes, que empañaban el planteamiento que defendíamos, al utilizar herramientas semejantes con objetivos diferentes.

En los años siguientes, un grupo de personas multidisciplinares (economistas, psicólogos, psicopedagogos y algún ingeniero, lingüista, biólogo y un teólogo) hasta un total de veintidós personas sucesivamente, trabajamos intensamente en el desarrollo del programa formativo. Fueron momentos entregados, ilusionantes, generosos, creativos y extenuantes, de los que guardo grato recuerdo.

Daniel Goleman publicaba en España un libro divulgativo sobre los trabajos de Salovey y Meyer. Había nacido al mundo mediático español la Inteligencia Emocional. Al leerlo tuve una extraña sensación. Habíamos estado haciendo aquello, con otro nombre, desde hacía 3 años.

Fuente de las imágenes utilizadas en este post: Harry Czechowicz y Donna Cazadd via photopin